El don de la constancia y la disciplina que transformó el arte como escudo social

Jesús Malo

Director de Malo Producciones

Por Nicte-Há Rico Sosa
Fotos Démian Chávez

El festival “Un Canto por la Paz” ha logrado la hazaña de involucrar a más de dos millones y medio de niños a lo largo de 38 años de trayectoria, articulando coros masivos de más de mil voces infantiles acompañadas por orquestas en vivo.

Jesús Malo combina el don innato con una disciplina inquebrantable, logrando transformar la música en un legado social. Desde que, a los nueve años la película Let it be de Los Beatles encendiera en él una vocación inequívoca, su vida ha sido un testimonio de constancia, orden y una fe absoluta en el poder transformador del arte.


Lo que comenzó como el sueño de un niño en Aguascalientes, que más tarde se materializaría en proyectos como el grupo Rip Jazz Quartet y su rol como maestro fundador del Taller de Música Electrónica en la Universidad Autónoma de Aguascalientes a su muy corta edad, se convirtió en una de las trayectorias de producción cultural más sólidas de nuestro país.


En una armoniosa charla en su estudio de Malo Producciones, rodeados de reconocimientos, fotografías, premios y una joya de colección fotográfica que evoca la línea del tiempo de su vida, Jesús también nos mostró una entrevista que esta servidora le hizo hace 20 años; un emotivo viaje al pasado para recordar aquellos sueños que hoy se han hecho realidad.


En 1982, tras dejar su huella en la gerencia de la Feria Nacional de San Marcos, Jesús Malo llegó a Querétaro trayendo consigo una maleta llena de ideas y un rigor técnico impecable. En el cuarto de servicio de la casa de su madre plantó la semilla de lo que hoy es Malo Producciones. Con los años, esa pequeña trinchera se expandió hasta consolidar, desde 1996, oficinas propias y un prestigio institucional impecable.


La empresa supo diversificarse con maestría en tres vertientes: la cultural, la política -habiendo producido el primer debate político fuera de las televisoras en México- y la comercial. Hoy, el tablero de sus logros es apabullante: más de 600 discos producidos, 1,600 jingles y más de 4,500 eventos ejecutados en los escenarios más imponentes de la República Mexicana.


“La cultura de la paz debe trabajarse desde la niñez, con acciones concretas en las escuelas y no solo con discursos mediáticos”, afirma convencido. Para Jesús, el éxito no se mide en aplausos pasajeros, sino en el impacto social. Por ello, el 50% de la actividad de su empresa ha estado consagrado a proyectos infantiles y de paz. Su obra cumbre, el festival “Un Canto por la Paz”, ha logrado la hazaña de involucrar a más de dos millones y medio de niños a lo largo de 38 años, articulando coros masivos de más de mil voces infantiles cobijadas por orquestas en vivo.


Platica emocionado que este semillero no solo ha impulsado a talentos que hoy brillan en la escena musical nacional e internacional, sino que ha sembrado una alternativa de vida en las nuevas generaciones, inspirada en las filosofías de John Lennon y Mahatma Gandhi.
Lejos de acomodarse en la nostalgia de los éxitos pasados, Jesús Malo sigue mirando al futuro con la misma disciplina de su juventud. Ante los nuevos tiempos, ya trabaja en la reglamentación del uso de inteligencias artificiales en sus convocatorias para proteger los derechos de autor de los creadores.


La agenda de Malo Producciones no se detiene; en el pasado mes de julio, el Teatro de la Ciudad vistió sus mejores galas para albergar la gran final del decimoquinto Certamen de la Canción Queretana, una producción mayúscula que contó con una orquesta de 50 músicos en escena.


A la par de estos retos locales, la mirada de Jesús ya trasciende fronteras. Para garantizar que este motor cultural jamás se detenga, se encuentra documentando con precisión cada uno de los procesos de la empresa, asegurando así una transición generacional impecable hacia sus hijas, quienes heredan las llaves de un imperio edificado a base de orden, genialidad y amor por la niñez.


Comenta Jesús Malo que cuando el talento se gestiona con la estructura del orden y la constancia, la música deja de ser un simple sonido para convertirse en el eco de una sociedad mejor. Así, terminamos la charla, pero no sin antes recorrer las hermosas instalaciones de Malo Producciones, apreciar algunos toques de batería y conocer uno de los monitores espectaculares, que resguardan la magia de su estudio.

El objetivo inmediato para el próximo año es lograr la internacionalización de “Un Canto por la Paz”, buscando hermanar a coros de toda Latinoamérica para expandir este mensaje de unión a través de la música.



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