Laura Rodríguez Galván

Jefa Comercial de Querétaro Centro de Congresos y el Teatro Metropolitano

Por Nicte-Há Rico Sosa

Madre, profesionista, creadora de contenido y una apasionada promotora de su tierra, Laura Rodríguez Galván, jefa Comercial de Querétaro Centro de Congresos y el Teatro Metropolitano, nos platica sobre su trayectoria, los retos de la industria de reuniones y cómo su identidad queretana define cada uno de sus pasos.


Querétaro Centro de Congresos (QCC) y el Teatro Metropolitano no son solo imponentes estructuras de vanguardia; son el epicentro donde se tejen los grandes negocios, la cultura, el turismo y, por ende, el desarrollo del estado. Al frente de la estrategia comercial de estos colosos se encuentra una mujer que combina con maestría la alta dirección, la inteligencia emocional y un profundo amor por su tierra.


La trayectoria de Laura es tan diversa como enriquecedora. Ha transitado por la nutrición, los medios de comunicación y la alta dirección hasta llegar hoy al turismo de reuniones. A simple vista, podrían parecer caminos inconexos, pero para ella existe una fuerza motriz muy clara: el servicio.


“Aunque parecieran profesiones completamente distintas, todas tienen algo en común: mejorar la vida de las personas”, comparte con convicción. “Como nutrióloga busqué mejorar la salud; en los medios procuré informar y conectar. Hoy, desde la Industria de Reuniones, ayudo a generar oportunidades económicas, empleo y desarrollo para miles de familias. Nunca he perseguido un puesto; he buscado generar impacto donde me encuentre.”

Esa filosofía de vida se nota en su calidez. Para Laura, nacer, crecer y formar su familia en Querétaro no es un dato menor; es el motor que impulsa su labor diaria. Al recibir a inversionistas y visitantes, no vende simplemente metros cuadrados de un recinto:


“Comparto una historia, una ciudad con calidad de vida, seguridad, talento y una enorme capacidad para hacer grandes cosas. Siempre digo que cuando alguien visita Querétaro queremos que llegue como invitado, pero que se vaya sintiéndose parte de esta tierra”, afirma con orgullo.

Atraer congresos nacionales e internacionales en un mercado tan competitivo exige una visión proactiva. La estrategia de Laura ha sido clara y directa: salir a buscar las oportunidades donde se toman las decisiones, participar en ferias internacionales y, sobre todo, escuchar con empatía las necesidades del cliente.


Sin embargo, destaca que el verdadero éxito radica en el “sello queretano”, que no es otra cosa que su gente.


“Muchos destinos tienen buena infraestructura. Nosotros, además, tenemos conectividad, seguridad, profesionalismo y una cadena de valor extraordinaria. Hoteles, restaurantes, proveedores, universidades, autoridades y organizadores trabajamos en conjunto. Ese trabajo colaborativo es nuestra mayor ventaja competitiva. Querétaro cumple lo que promete, y eso genera confianza”.

Para Laura, el impacto de su trabajo va mucho más allá de las cifras de un evento:


“Muchas personas piensan que un evento termina cuando se apagan las luces del recinto. En realidad, ahí comienza el impacto. Cada congreso genera ocupación hotelera, consumo en restaurantes, transporte y empleo para el comercio local y los artesanos. Vender un evento es impulsar la economía de miles de familias”.

Al hablar de su faceta personal, Laura derriba el mito del equilibrio perfecto y apuesta, en cambio, por las “prioridades correctas”. En este viaje, su esposo ha sido su máximo compañero de equipo, entendiendo que los logros individuales fortalecen el proyecto más importante: su familia. Sus hijas, Elena y Loretta, son su mayor motivación.


Es por ellas —y por las futuras generaciones— que visualiza y trabaja por un Querétaro sin techos de cristal.


“Quiero un Querétaro donde las niñas crezcan sabiendo que sus sueños no tienen límite; donde las mujeres puedan liderar, emprender, innovar y ocupar espacios por su capacidad”, señala, al tiempo que defiende la sensibilidad femenina como una fortaleza estratégica en la toma de decisiones: “La sensibilidad no significa fragilidad. Significa observar lo que otros no ven, escuchar antes de hablar y decidir con inteligencia emocional”.

Cerramos la plática con esta mujer joven y llena de energía, amante de su familia, de su estado y de su labor. Nos quedamos con su visión del QCC y el Teatro Metropolitano: no solo como motores de negocios, sino como espacios vivos donde la economía, el turismo y la identidad cultural conviven en perfecta armonía.

Madre, estratega y promotora incansable; una mujer que impulsa con orgullo el desarrollo y el futuro de su estado.



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