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Enrique Burgos García

Exgobernador de Querétaro

“Quien gobierne Querétaro, mujer u hombre, del partido que sea, debe saber en dónde está parado. Esto no es cualquier cosa, esto trae carga. Debe conocer Querétaro y sentir la responsabilidad de gobernarlo”

Por Nicte-Há Rico Sosa

Fotos Démian Chávez

La política da muchas vueltas, pero la buena educación y la calidez humana permanecen intactas en quienes hacen de ellas un estilo de vida. En la calidez de su hogar, el exgobernador Enrique Burgos García nos abre las puertas para una charla sin prisas. La velada se torna aún más especial por la presencia de su gran pilar, su esposa, Yolanda Hernández, quién de cerca no perdió el interés de cuidar hasta el más mínimo de los detalles; su anfitrionía y elegancia natural convierten el encuentro en un momento de absoluta complicidad. Una sencillez tan genuina, transforma una entrevista periodística en una conversación entre amigos. Así, cobijados por las atenciones de una pareja ejemplar, iniciamos una charla que viaja por el tiempo.


El licenciado Enrique Burgos García, gobernador de Querétaro en el periodo 1991-1997, es un hombre con una gran trayectoria política que no se mide por los cargos acumulados, sino por el respeto que inspira al caminar por las calles de su origen. Para Burgos García, la fórmula para no distanciarse de la ciudadanía durante su mandato, fue un ejercicio de realismo que afianzó desde sus días como presidente municipal de San Juan del Río. Considera, que los cargos públicos son transitorios y que el verdadero legado se mide por el trato humano y el respeto mostrado durante el servicio.

El poder es un préstamo estrictamente temporal de la ciudadanía; el verdadero balance de un gobernante no se calcula en las alturas de la estructura pública, sino al caminar de regreso, a pie firme y con la frente en alto, por las calles de la vida cotidiana.


Al recordar las acciones que marcaron su administración, el exmandatario divide su mirada en dos vertientes que aún definen a Querétaro: la rural y la urbana. En la primera, evoca con especial brillo en los ojos la gestión del agua en el semidesierto y la sierra, particularmente una obra en las cercanías de Vizarrón, Cadereyta, resuelta gracias al ingenio local y a la gestión de tuberías de acero de desecho de Petróleos Mexicanos que debieron ser limpiadas con arena a alta presión.


“Fue una obra social que se sintió mucho. Cuando se inauguraba el chorro de agua, literalmente la gente se metía ahí a bañarse”, recuerda, haciendo también un espacio para reconocer el papel fundamental del voluntariado del DIF, encabezado en ese entonces por su esposa Yolanda Hernández y respaldado por liderazgos femeninos entrañables de la época.


En la vertiente urbana, a Burgos García le tocó timonear una ciudad bajo la enorme presión migratoria posterior al sismo de 1985 en la Ciudad de México. Frente al riesgo de un crecimiento caótico, su administración, con el apoyo técnico de figuras como el arquitecto Gerardo Vega, proyectó áreas de crecimiento ordenado fuera del viejo casco urbano: el Centro Norte y el Centro Sur. Este desarrollo periférico permitió, a su vez, blindar la riqueza arquitectónica del corazón de la ciudad. Una estrategia que culminó con un hito histórico para la entidad: la declaratoria del Centro Histórico de Querétaro como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1996, un logro en el que destaca la invaluable colaboración del arquitecto Carlos Arvizu, así como de promotores culturales de la vieja guardia como el profesor Eduardo Loarca Castillo, Diego Prieto y el maestro Aurelio Olvera.


El sexenio de Enrique Burgos no estuvo exento de tormentas nacionales. El error de diciembre de 1994 redujo drásticamente los presupuestos estatales. Sin embargo, el exgobernador recuerda cómo el programa federal Solidaridad se convirtió en una herramienta vital que, más allá de banderas partidistas, integró a la comunidad en la solución de sus problemas a través de esquemas tripartitos. “La gente ponía la mano de obra y el material pétreo, y el gobierno la varilla o el cemento. Pero lo más significativo es que cuidaban la obra como si fuera suya, porque ahí estaba su interés y su esfuerzo”.


En esta labor, el licenciado evoca la solidaridad de empresarios queretanos de cepa y profundamente comprometidos con su estado, como don Roberto Ruiz, Chucho Oviedo y Alfonso González, quienes no dudaban en aportar recursos de su propia bolsa para que las escuelas y caminos comunitarios se hicieran realidad.


Queretanizar el futuro: Historia y reconciliación


Erudito de la historia patria, Burgos García repasa con orgullo el papel de Querétaro como el gran escenario donde se gestó la Independencia, se restauró la República con el fusilamiento de Maximiliano —recordando la anécdota donde Benito Juárez reconoció el valor del indígena serrano Tomás Mejía— y se promulgó la Constitución de 1917. Por ello, sostiene que el perfil de quien aspire a gobernar la entidad debe poseer una profunda identidad y respeto por este legado: “Quien gobierne Querétaro, mujer u hombre, del partido que sea, debe saber en dónde está parado. Esto no es cualquier cosa, esto trae carga. Debe conocer Querétaro y sentir la responsabilidad de gobernarlo”, contundente aseveró.


Al mirar al Querétaro del futuro, lo vislumbra como un estado francamente cosmopolita, pero advierte la necesidad inaplazable de descentralizar el desarrollo hacia los municipios del semidesierto y la sierra para evitar colapsos urbanos, proveyendo servicios básicos de salud, educación y conectividad.


Finalmente, al evaluar el presente, celebra que Querétaro permanezca “sin romperse”, manteniendo un equilibrio y respeto institucional ejemplar ante la alternancia política.


Hoy, retirado de la política activa y dedicado plenamente a la academia y a sus cátedras de posgrado en la UNAM, el licenciado Enrique Burgos García se declara un hombre pleno y profundamente agradecido con la vida y con su pueblo: “Me gustó la política desde estudiante y se me dio esta oportunidad. Estoy más que agradecido”, concluye con esa sonrisa amable que sigue abriendo las puertas de los hogares queretanos.

Evoca la solidaridad de empresarios queretanos de cepa y profundamente comprometidos con su estado, como don Roberto Ruiz, Chucho Oviedo y Alfonso González



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