ESCULTOR, DIBUJANTE, MÚSICO Y ARTISTA ITALIANO TRANSFORMA SU AMOR POR MÉXICO EN OBRAS DE ARTE LLENAS DE COLOR Y PASIÓN
Por Nancy Colín
En el corazón de Bernal, frente a la catedral, se encuentra la Plaza Punta Bernal, un espacio que atrapa a las y los visitantes con el exquisito aroma a café; sin embargo, el olfato será el primero de los sentidos que sean secuestrados por este espacio que entre dulces típicos y artesanías, conducen a uno de los recintos centrales, se trata de una galería que rápidamente atrapa a la vista con hermosas esculturas talladas, que bien pueden evocar a una pareja fundida en un abrazo infinito, o unas majestuosas y hermosas alas talladas de manera minuciosa, logrando una perfección que es difícil de ignorar.
En la entrada de la galería, dan la bienvenida algunas coloridas figuras como mariposas monarcas, colibrís, un “Don Quijote y su Sancho”; todos ellos contrastan con el lienzo oscuro de la pizarra negra, se trata de una técnica creada por el artista italiano Rudy Biancardi. “Inventé esta técnica de grabar la piedra, a mano libre, con una punta de tungsteno”, refiere el artista sobre el origen de su arte.
Con voz suave y actitud tranquila, Biancardi explica que está enamorado de su trabajo y que lo mismo le emociona crear un pequeño cuadro, que una gran escultura; todo ello lo narra mientras traza con pulso perfecto y líneas exactas, una de las múltiples pizarras que luego colgará de las paredes, esperando cautivar la mirada de algún visitante que conecte con cada color, figura y trazo.
Cuentos mayas
La pasión de Biancardi plasmada en su obra refleja su amor por México, país que lo conquistó hace 28 años, pero ese gusto se fraguó desde su infancia, cuando su padre, de origen florentino, se sentaba sobre su cama para contarle, a modo de cuentos para dormir, detalles de este lado del mundo. “Me hablaba de los mayas, ¡le encantaba, estaba fascinado con toda la cultura prehispánica!, entonces yo soñaba con los mayas”, relata.
Para la juventud de este artista, el destino le tenía preparado un encuentro con la tierra de las culturas prehispánicas, que ahora puede verse retratada en las pizarras negras. “El Padre Pío, hijo de la hermana de mi mamá, me invitó a intentarlo en México. Desde niño soñé con visitar Palenque, Chichen Itza, Bonampak…”, dice y relata que su bienvenida comenzó en la Ciudad de México, para luego pisar Querétaro.
El horizonte queretano lo recibió con el paso de decenas de mariposas monarcas que lo sorprendieron al enterarse que viajan más de 4 mil kilómetros desde Canadá hasta Michoacán. “Pensé: ¿Qué está sucediendo en este lugar mágico?, ¡me fascinó!”, pero ese sería solo el inicio de un supuesto mes de vacaciones, que hasta la fecha se convirtió en el lugar de residencia de Biancardi.
Primera exposición
El Centro Cultural Casa del Faldón fue la sede que le ofreció a Rudy su primera exposición. El artista trabajó diariamente para lograr una muestra de sus obras, pero la oferta no se limitó a su arte pictórico, sino que gracias al apoyo del Padre Pío y el entusiasmo de un joven artista, Radio Querétaro también abrió su micrófono para escuchar su voz acompañada de su guitarra.
Las transmisiones en la radio fueron la pauta para que la primera exposición contará con un pequeño concierto, pero también para llegar a oídos que el artista no hubiera imaginado. En la muestra, una mujer llegó con una carta de su hijo, quien estaba preso en el Centro de Reinserción Social (Cereso) de San José el Alto. “Me encantaría conocer y saber del otro lado del mundo, gracias a la boca, los oídos, los ojos y la voz de un artista con la sensibilidad como la que usted tiene”, se leía en la misiva.
Biancardi quiso visitarlo, pero por ser extranjero, el permiso le fue negado, sin embargo, recurrió a la entonces directora de Radio Querétaro, quien le consiguió no solo la visita, sino también la oportunidad de llevar su música al Cereso. “En 1982 tuve la suerte de cantar en la Arena de Verona, uno de los templos de la música más importante del mundo, frente a cerca de 30 mil personas, pero la emoción de tocar en un Cereso fue más grande para mí (…) Yo estaba como levitando”, recuerda para compartir que al concluir el concierto abrazó al autor de la carta con quién lloró.
Desde ese momento en que Biancardi fincó su residencia en Querétaro, vivió en Tequisquiapan, para después como ahora, continuar en Bernal ofreciendo a veces conciertos, y compartiendo su arte con visitantes que llegan a la galería, o que “por casualidad”, como describe que le ha sucedido, coincidir con pequeños impulsores de su obra, porque reconoce que entre este país y su tierra hay muchas similitudes, entre ellas, la hermandad y la capacidad de entenderse y comunicarse sin mediar el idioma. “No importa si es con la nariz o los gestos, la gente se entiende en Italia, como en México”, puntualiza.

/ Foto Cortesía Rudy Biancardi.

/ Foto Cortesía Rudy Biancardi.

/ Foto Cortesía Rudy Biancardi.

/ Foto Cortesía Rudy Biancardi.

/ Foto Cortesía Rudy Biancardi.

