Mi experiencia íntima en el Hotel de Piedra, en Bernal
Por Nicte-Há Rico Sosa


Hay lugares que se visitan y lugares que se graban en la memoria. Sentada en la terraza Altaria del Hotel De Piedra, contemplando cómo la luz de la tarde dirigida a la imponente cara de la Peña de Bernal, comprendo que este no es un hotel común y que celebrar un año más de vida personal, fue la manera perfecta en familia. Con ocho años de operación tras haber comenzado su edificación completamente desde cero, este santuario boutique ha logrado algo maravilloso: erigirse respetando la sacralidad del entorno, al grado de convertirse en el único refugio en todo el pueblo mágico que presume de un acceso directo y exclusivo al sendero de ascenso del monolito.
Alojarme aquí me permitió percibir una energía magnética innegable. La arquitectura misma del lugar parece nacer de la montaña. En el área de cabañas (la propiedad cuenta con 25 suites únicas y 7 cabañas de ensueño), algunas estancias integran la roca viva directamente en su diseño interior. Descansar arropada por la misma piedra que ha custodiado el Bajío por milenios es una experiencia de desconexión y romance inigualable, idónea para parejas y familias que buscan algo lejano al turismo masivo (cabe destacar que mantiene una atmósfera íntima y libre de mascotas).
La sofisticación del hotel se saborea paso a paso. Mi jornada gastronómica comenzó en el restaurante Benedetto, abierto diariamente con una propuesta culinaria impecable, y se prolongó hasta la terraza Altaria, donde la cocina mediterránea conversa armónicamente con los mejores vinos locales y con una vista espectacular que ni la lluvia de junio perdió la magia de un bello atardecer. Más tarde, descendí a la cava subterránea del hotel, un espacio de luz tenue y mística ideal para reuniones privadas.

Miguel Feregrino, directivo del hotel y Presidente de la Asociación de hoteles boutique del Estado de Querétaro, me dijo que el Hotel De Piedra no solo destaca por su mística, sino por un rigor operativo ejemplar. Durante mi estancia fue evidente el porqué de sus recientes galardones: la obtención de los prestigiosos Distintivos H y M.
Distintivo H: Garantía absoluta de higiene, inocuidad y máxima calidad en el manejo de alimentos y bebidas en todas las áreas de consumo.
Distintivo M: Reconocimiento al programa de Modernización e Innovación, enfocado en la mejora continua, procesos eficientes y excelencia en el servicio boutique.
La experiencia sensorial no termina en el paladar. Tuve la fortuna de visitar la galería Alma Toscana, un deleite visual que exhibe con orgullo el talento pictórico queretano y cuenta con una exclusiva boutique de diseño que cuida celosamente el buen gusto, Susana Hernández. Minutos después, me refugié en su biblioteca. Este rincón, dotado de una vista privilegiada de la Peña, funciona como un santuario de tranquilidad propicio tanto para la lectura de ángeles y mensajes del universo, como para ceremonias íntimas y eventos corporativos de alto nivel.



Para quienes buscan sanación, el spa del hotel ofrece un portafolio de bienestar profundo: experimenté en carne propia su afamado masaje holístico con descarga emocional, una terapia que, combinada con la vibración natural de la Peña y el sonido de la lluvia acompañada de la energía de los relámpagos, disolví cualquier vestigio de estrés citadino, culminando con un descanso regenerador en el jacuzzi de la alberca.
El dinamismo de este destino no se detiene. Durante mis conversaciones con el equipo del hotel, específicamente con la gerente Vianey Chávez, me compartieron con gran entusiasmo su próximo gran hito: la inauguración oficial y primera vendimia de Viñedos de Piedra, su proyecto hermano, programada para el mes de julio. Ubicado a tan solo 7 o 10 minutos del hotel.
Esta evolución responde a un flujo creciente de viajeros exigentes. El hotel se ha convertido en un epicentro cosmopolita en el Bajío. Al caminar por sus pasillos o coincidir en el salón Viejas Virtudes (con capacidad para 150 invitados), es común escuchar acentos de visitantes del Estado de México o del Bajío, entremezclados con huéspedes provenientes de Cancún, Tijuana, Monterrey, Estados Unidos, Colombia y Chile. Gracias a la cercanía con el aeropuerto internacional, el turismo extranjero arriba con una constancia admirable de al menos una vez por semana, enriqueciendo el trato diario y el ambiente del hotel.

Dejo el Hotel De Piedra con la certeza de haber habitado un espacio donde el lujo no se mide en opulencia, sino en autenticidad, calidez humana y una profunda comunión con la naturaleza. Quien visite Bernal y no cruce el umbral de este recinto, se habrá perdido del verdadero corazón de la piedra.

