Miguel Epardo

Miguel Epardo experimenta con la música

Único latinoamericano que representa a la marca de violines eléctricos

Por Nancy Colín

El violinista de la OFEQ sorprende con arreglos y creaciones que desafían géneros y estilos musicales, demostrando que el arte puede ser lúdico e irreverente a la vez

Existe un espacio-tiempo en el que los clásicos de Mozart se transforman en una cumbia de ritmos contagiosos, o donde los acordes del heavy metal se fusionan con el virtuosismo de una orquesta filarmónica. Estas expresiones musicales, aparentemente contradictorias, cobran vida a través de la genialidad del músico Miguel Epardo.


Hijo y nieto de violinistas, Epardo creció entre pentagramas, en un entorno donde las notas eran el lenguaje cotidiano. Desde hace 11 años —cuando tenía 22— se integró a las filas de la Orquesta Filarmónica del Estado de Querétaro (OFEQ), agrupación de la que su padre también forma parte.


EL ROCK COMO REVELACIÓN


“La influencia que tengo del rock proviene de un regalo que me hizo mi madre: un DVD de la banda Kiss tocando junto a la Orquesta Sinfónica de Melbourne, Symphony: Alive IV. Ese fue mi primer encuentro con la convergencia de dos mundos tan radicales que chocan y se complementan entre sí”, relata Miguel.


Inspirado por ese momento, sintió el deseo de aprender a tocar la guitarra eléctrica, instrumento que su madre también le obsequió en muestra de apoyo.


Fue así como cursó la carrera de guitarra eléctrica en Music City, en Querétaro, mientras perfeccionaba su especialización en violín con diversos maestros y talleres en Estados Unidos. “Durante mi estancia allá, en las clases de violín, tuve la oportunidad de colaborar con bandas locales de rock, una corriente que en ese país tiene una fuerza enorme”, detalla.


El fruto de esa fusión no tardó en llegar. En noviembre de 2025, bajo la dirección de Mark Kadin y con arreglos del propio Epardo en colaboración con Alfonso Cosme (cornista de la OFEQ), se llevó a cabo el primer concierto de Metal Sinfónico. Meses después, el 16 de julio, la hazaña se repitió con una selección de temas emblemáticos de Metallica, Iron Maiden y Scorpions.


“Para esa ocasión planeé una sorpresa con el violín, ya que ahora cuento con el respaldo de Yamaha; firmé con ellos como artista exclusivo. Soy el único latinoamericano que representa a la marca en su línea de violines eléctricos”, comparte con orgullo.


ENTRE LA INNOVACIÓN Y LA CONTROVERSIA


Como solista, Miguel ha colaborado con la Orquesta Filarmónica de Celaya (ORFIC), presentando un repertorio que entrelaza el rock, el heavy metal y la cumbia.


“A una pieza clásica para violín titulada Zardas, del compositor italiano Vittorio Monti, le introduje un cambio de ritmo y percusiones; iniciaba de forma tradicional y a la mitad se transformaba en cumbia. Me fascina crear estas ‘aberraciones musicales’, aunque a veces despierten la ira de los puristas”, comenta con un tono pícaro.


Su talento también lo ha llevado a compartir escenario con agrupaciones internacionales, como la banda española Saurom —quienes lo invitaron a tocar en la Arena CDMX— y con exintegrantes de Mägo de Oz.


A través de las redes sociales, el músico ha encontrado el vehículo idóneo para globalizar su propuesta sin salir de casa, aunque sus experimentos no están exentos de opiniones encontradas.


“Uno de mis videos más virales fue La cumbia de Mozart, una pieza compuesta por varios extractos de las obras del genio austriaco sobre una base tropical. Mucha gente aplaude la innovación; de hecho, la obra fue citada en un libro de la Universidad de Puebla que aborda la apertura musical necesaria en estos tiempos. Sin embargo, también llegan comentarios de odio asegurando que Mozart se revolvería en su tumba. Siempre hay de ambos lados”, reconoce.


Con la firme convicción de hallar coincidencias en conceptos que aparentemente se repelen, el músico adelanta que su meta es llevar estas experiencias sonoras más allá de las fronteras nacionales, convencido de que la música debe ser, ante todo, un disfrute.


“Muchas veces los nervios y la presión nos consumen, pero estamos en esta carrera para compartir y divertirnos, no para vivir estresados”, concluye.



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