El Legado de una Dinastía y el Valor de la Resiliencia

Tania Ruiz Castro

Por Nicte-Há Rico Sosa
Texto y fotos

Hay conversaciones que no solo recorren una trayectoria profesional, sino que atraviesan las fibras más sensibles de la memoria. Sentarse con Tania Ruiz Castro es abrir un álbum de recuerdos donde las imágenes no solo están en papel (afición que heredó y cultiva con pasión), sino grabadas en el alma. Sentadas en la intimidad de su hogar, repitiendo aquella escena de cuando iba a casarse y le hice una entrevista; hoy nos vuelve a abrir su corazón y su alma en recuperación, por ese gran dolor al despedir a su hijo, lo que ha sido para ella un aprendizaje de amor incondicional que todos los días procura honrar desde su trinchera, brindando apoyo a gente y asociaciones que atienden a personas en situación de vulnerabilidad, fortaleciendo así su equilibrio personal.


Tania se mantiene en una balanza armónica de emociones, asegura heredó la nobleza y el corazón apapachador de su padre, así como la fuerza estratégica de su madre. «De mi papá llevo la sensibilidad del corazón y de mi mamá ese empuje de ‘tú puedes, dale y no te rajes”, nos comparte con esa sonrisa que la caracteriza y esos ojos llenos de luz, al mencionar a don Roberto Ruiz y a Blanca Castro.


Esa mezcla de valores la llevó a forjar su propio camino. Desde sus días como Reina del Tec de Monterrey en 1994 —una experiencia que recuerda, no por la belleza, sino por los lazos de amistad que hasta hoy conserva— hasta su paso por Coca-Cola Export en la Ciudad de México y su debut en el servicio público como Coordinadora de Relaciones Públicas con el ingeniero Ignacio Loyola y, más tarde, en programas de alto impacto social con Pepe Calzada, donde descubrió su verdadera pasión: estar con la gente y resolver desde la empatía. Hace unos meses fungió como Directora General del DIF en la administración del presidente municipal Felifer y hoy es coordinadora de proyectos, designada por el gobernador, Mauricio Kuri, quien reconoce en ella a una aliada clave para el buen desempeño del trabajo.


Tania refiere que no conoce el estatismo. Su espíritu emprendedor la ha llevado a abrir florerías en Chetumal, agencias de publicidad y centros deportivos. Para ella, el trabajo no es solo una necesidad, es una forma de honrar sus raíces: «aprendí a tener hábitos, metas y a ser congruente sin pisarle los talones a nadie». Muchos sabemos que es una mujer trabajadora, una madre cariñosa, una hija agradecida y un ser humano incansable; es deportista, empresaria y ahora es una servidora pública que ama su Estado y el municipio de San Juan del Río que la ha ayudado a crecer.


Es Tania uno de los pilares principales en el cuerpo de Bomberos en San Juan del Río, lugar donde radica desde que fue Presidenta del DIF Municipal, cuando Gustavo Nieto fue el presidente en el 2009-2012. En esta actividad, ella encontró la forma de acercarse a la gente, quienes reconocen en la entrevistada el trabajo en beneficio de los sanjuanenses y, no en valde, lleva consigo la honestidad y trabajo, legado también de su bisabuelo Rafael Montes, dos veces presidente municipal de Jalpan de Serra, y sentirse orgullosa de pertenecer a dos familias que han trabajado por Querétaro desde sus cimientos, como los Ruiz Rubio, la vitalidad de su abuela Estela —quien a sus 102 años sigue siendo un faro de energía— y la disciplina de su abuelo Ignacio, ambos maestros de vida y profesión, todos esos valores han sido parte de su carácter.


Sin embargo, la vida le presentó su reto más grande en 2020. En medio de la incertidumbre global, durante la pandemia, Tania enfrentó la pérdida de su hijo, Gus. Un golpe que, en sus propias palabras, transformó su miedo más profundo —la muerte— en una lección de amor incondicional.
“Su partida me enseñó que la vida es tan rápida que no hay que desperdiciarla. Aprendí a vivir una vida con propósito; borrón y cuenta nueva, entendí que el amor a los hijos y a la familia no puede condicionarse a nada.» Hoy, Tania mira con orgullo a su hija Victoria, quien no solo siguió sus pasos como Reina de las Fiestas de Navidad, sino que ha demostrado una fortaleza admirable.


Para Tania Ruiz Castro, Querétaro no es solo el lugar donde nació, es el espacio donde sus ancestros trabajaron la tierra y la educación, y donde ella, con el corazón en la mano y los pies en la tierra, sigue construyendo un legado de servicio, demostrando que incluso en las tormentas más fuertes, la fe y la familia son el mejor refugio.

  • Recuerdo: Las Navidades en el rancho Araceli.
  • Aprendizaje: El orden y el amor a los abuelos.
  • Su motor: Vivir cada día con un propósito claro.