Terapeuta en Constelaciones Familiares Transformacionales
Por Nicte-Há Rico Sosa
Fotos Démian Chávez
Sanar el origen para habitar en Plenitud
A veces, el deseo de entregar una versión más pura de nosotros mismos a quienes amamos, es la brújula que nos guía hacia destinos insospechados. Para Cynthia Guzmán, ese punto de inflexión llegó con el nacimiento de su hija Kristel. En su afán por no repetir patrones y sanar su propia historia familiar, la vida la condujo hacia las Constelaciones Familiares Transformaciones, una herramienta que en aquel entonces le era desconocida pero que, tras una primera sesión reveladora, no solo acomodó su relación con su padre, sino que trazó el mapa de su verdadera vocación.
Lo que comenzó como una búsqueda personal de sanación se transformó en una trayectoria de 20 años como terapeuta consteladora, tras descubrir una capacidad innata para conectar con los campos morfológicos y acompañar a otros a ordenar su sistema familiar. Hoy acompaña a personas en la República Mexicana y Estados Unidos a sanar vínculos y desbloquear patrones. Está certificada en Psico-Corporal, Hipnosis Ericksoniana, Transpersonal, Morfopscología y Programación Neurolingüsitica, conjugado con repetidos entrenamientos con Bert Hellinger y con Joan Garriga.

La magia de una constelación reside en su capacidad de síntesis: “es mirar desde el asiento lo que a veces mil palabras no logran explicar”. Cynthia describe este proceso como una escenificación donde los representantes muestran dinámicas ocultas, permitiendo al consultante deslindarse de lealtades invisibles que han frenado su bienestar por generaciones.
Esta metodología se rige por los “Órdenes del Amor” de Bert Hellinger, pilares que Cynthia aplica con maestría: la pertenencia, que dicta que nadie puede ser excluido del sistema; la jerarquía, que nos recuerda que cada quien tiene un lugar único según su llegada a la familia; y el equilibrio entre dar y tomar. En su consulta, es común observar cómo el desorden de estos principios —como hijos intentando ser padres de sus propios padres— genera un peso que asfixia el crecimiento personal.
A lo largo de dos décadas, Cynthia ha sido testigo de lo que ella llama “la mano de Dios” en movimiento: vínculos rotos entre madres e hijas que se restauran, duelos que finalmente encuentran consuelo y parejas que logran conciliarse desde la responsabilidad mutua.

Lo verdaderamente extraordinario de este enfoque es que el cambio individual tiene un eco colectivo; al entrar en el campo del sistema familiar, el movimiento de una sola persona impacta en el resto, incluso si los otros no están presentes o ya han fallecido. Es una invitación a soltar la ira y las cargas ajenas para volver a respirar, entendiendo que cuando uno sana, abre el camino para que las nuevas generaciones evolucionen con mayor libertad.
Aunque no nació en México, Cynthia se confiesa profundamente queretana tras 35 años de habitar esta tierra. Con una mirada sistémica, observa a Querétaro como un organismo vivo que requiere del compromiso de todos para mantener su paz y libertad. Su labor hoy se expande hacia una sociedad con mayor conciencia sobre la salud mental y la inteligencia emocional, recibiendo con entusiasmo a hombres y médicos que integran la terapia sistémica a la medicina tradicional. Para Cynthia Guzmán, la meta es clara: una vida sana evita el caos. Al final, su trabajo diario es un recordatorio de que somos uno con nuestro origen y con nuestra comunidad, y que hacernos responsables de nuestra propia sanación es el regalo más grande que podemos ofrecer al mundo que habitamos.






