Yolanda Hernández de Burgos

El Corazón de una Época

Yolanda Hernández de Burgos

Presidenta del Sistema Estatal para el Desarrollo Integral de la Familia (1991 – 1997)

Por Nicte-Há Rico Sosa

Fotos Hugo Camacho

El sol de la mañana acompaña la entrevista, un desayuno que se convierte, casi sin querer, en un viaje por la memoria de Querétaro. Frente a nosotros, Yolanda Hernández de Burgos conserva esa serenidad de quien ha caminado la Sierra Gorda y las plazas del centro con la misma naturalidad. “Dios te va marcando un camino”, nos dice, y en sus palabras no hay presunción, sino la gratitud de quien descubrió su vocación en el servicio social hace más de cuatro décadas.


Hay vidas que se definen por un momento de revelación. Para Yolanda Hernández de Burgos, ese instante llegó en la juventud, cuando recién casada se encontró de frente con la responsabilidad de servir, con una trayectoria que tuvo su punto más alto durante su gestión como Presidenta del Sistema Estatal DIF (1991-1997). Lo que comenzó como un aprendizaje en San Juan del Río, acompañando a su esposo, el Lic. Enrique Burgos García, evolucionó en una de las experiencias de labor social más profundas de nuestro estado.

Voluntariado integrado no de figuras decorativas, sino de mujeres operativas

Aunque sus raíces son profundamente queretanas, Yolanda traía consigo el aprendizaje de los voluntariados nacionales en la capital del país, con esposas de Senadores. Su cercanía con Ana Laura Riojas de Colosio le dio una lección fundamental: la ayuda no debe ser un acto aislado, sino un proyecto con estructura.


“No era un trabajo de una sola persona, era la suma de todos”, recuerda con especial énfasis. Yolanda logró algo que hoy parece una hazaña: coordinar a más de 300 voluntarias operativas. Desde las Damas Vicentinas, voluntarias del Seguro Social, la CTM, los Clubes de Leones y Rotarios, y las Amigas de Querétaro, y muchas más que junto con las esposas de los presidentes municipales, quienes formaron un rol crucial de sensibilidad y compromiso, se convirtieron en un brazo operativo incansable. “No eran figuras decorativas; eran mujeres operativas que se enamoraban de las comunidades”, afirmó.


Esa visión la aplicó al frente del Sistema Estatal DIF durante su gestión. Yolanda no heredó una institución robusta; heredó el reto de transformar el entonces INPI (Instituto Nacional de Protección de la Infancia) en un organismo de contacto humano directo. Bajo el consejo que le dio su esposo, el Lic. Enrique Burgos García, se propuso seguirlo como regla de oro: “Tú ve con ellos, platica, conócelos, y sé natural”. Esa autenticidad le permitió llegar a donde otros no llegaban, bajo la consigna personal de nunca dejar a nadie esperando.

Uno de sus mayores orgullos fue la creación del entonces Centro de Capacitación y Desarrollo Integral de la Mujer Campesina del Estado de Querétaro (CECADIMCEQ), bajo el propósito de -Sembrar Conocimiento para Cosechar Libertad-, en la Hacienda de Tlacote. Este internado brindó capacitación integral a jóvenes campesinas durante dos años. Más allá de las manualidades, el verdadero apoyo fue dar herramientas para la autoestima, donde se formaban en proyectos productivos: panaderías e invernaderos que luego replicaban en sus propios pueblos. Este modelo fue tan exitoso que fue reconocido y adoptado como ejemplo por el DIF Nacional.

Su gestión también se escribió en los quirófanos y albergues. Al detectar que la salud visual era el mayor obstáculo para preservar el patrimonio en las artesanas indígenas, impulsó la creación de un quirófano dentro del DIF, con el apoyo de médicos encabezados por los doctores Gonzalo Vera Gil y Manuel Corona. Asimismo, fortaleció los centros de atención para niños con capacidades diferentes y creó el MESED, un albergue para menores en situación de desamparo.


Hoy, entre sus días en Pedro Escobedo y la Ciudad de México, Yolanda sigue siendo la misma mujer que admiramos y reconocemos, la que cree que servir es el mayor de los privilegios. Continúa hombro a hombro con su esposo, disfruta de sus hijos y ahora de sus nietos a quienes aspira dejar el legado de ser buenos seres humanos y fortalecerlos de amor, valores y buena educación. Al final de nuestra charla, nos deja una reflexión que es en realidad, un estilo de vida: “Comprometerse y colaborar con quien más lo necesite sin más límite, que tus propias capacidades, es el verdadero don”.



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